Es común confundir orgullo con dignidad. Sin embargo siguen siendo conceptos totalmente distintos:
El orgullo saca lo peor de nosotros, hace que nos neguemos a lo que realmente nos importa por algún tipo de pensamiento o causa, de hecho en muchos casos hace que lo perdamos, nos pone necios y negativos. En cambio la dignidad es aceptar el lugar que tenemos, valorarlo sea cual sea y respetarlo por sobre todas las cosas.
Jamás puede ser digno dejar ir eso que tanto queremos, deseamos, anhelamos por orgullo. NO ES DIGNO EL ORGULLO. Dignidad es dejar de lado el orgullo y valorar lo que queres o lo que sos. Un acto digno se efectúa utilizando la razón, el orgullo nos hace perder la razón.
Tener dignidad muchas veces significa aceptar la derrota y aún así caminar con la frente en alto. Que los demás piensen o vean algo distinto de lo que siento no me ensucia la conciencia.
Acá me ves, mejor que nunca tal vez y puede que no sea así, pero me encanta sonreír. No es que trate de fingir, pero reír me hace feliz.
No te creas que no te quise, que no te valore, que ya no me importas. Pero mi dignidad me impide que vuelva a caer en tu jueguito, no es resentimiento, no es orgullo, es valor por mi misma, creo merecer algo mejor para mí.
(No quiero decir con esto que en algunos casos no nos tenemos que sentir orgullosos, pero que ese concepto sea positivo. Que signifique un halago hacia alguien o hacia nosotros mismos por logros o metas alcanzadas. Que ese orgullo no nos lastime a nosotros mismos ni a nadie.)
No hay comentarios:
Publicar un comentario